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2008-05-12 10:18:51
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xlsemanal.com
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Arturo Pérez-Reverte: "Hombres como los de antes"
No siempre quienes frecuentan el bar de Lola son tíos. A veces se cuela alguna torda canónica, segura y brava, de las que entran taconeando o no con la cabeza alta; y cuando un desconocido les dice hola, nena, sugieren que llame nena a la madre que lo parió. Hace un par de semanas entró María: cuarenta largos y una mirada de esas que cortan la leche del café que te llevas a la boca, o deshacen en el vaso la espuma de tu cerveza. «¿Y qué hay de los pavos?», me soltó a bocajarro. «¿Qué hay de esos tiñalpas ordinarios marcando paquete y tableta de chocolate que parecen salidos de un casting de Operación Triunfo, o de esos blanditos descafeinados y pichafrías que pegan el gatillazo y se pasan la noche llorándote en el hombro y llamándote mamá?»
Eso fue, exactamente, lo que me preguntó María apenas se acodó en la barra, a mi lado. Y como me pilló sin argumentos estaba distraído mirándole el escote a Lola, que fregaba vasos tras el mostrador me agarró de un brazo, llevándome a la ventana. «Observa, Reverte», dijo señalando a un cacho de carne de hamburguesería que pasaba vestido con chanclas y camiseta andrajo de marca, zapatillas fosforito, los pantalones cortos caídos sobre las patas peludas, rotos y con la bragueta abierta y el elástico de los kalviklein asomándole bajo los tocinos tatuados. Luego señaló a otro que pasaba con una mano en un pezón de su novia y el móvil en la otra. «Fíjate», dijo. «Fulano indudablemente buenorro, cuerpazo sin deformaciones de bocatería; pero ha decidido ponerse pijoguapo de diseño y te partes, colega. Y no te pierdas el meneíto leve del culo, aprendido de la tele. Antes imitaban a Humphrey Bogart y ahora imitan a Bustamante. ¿Cómo lo ves? Te apuesto lo que quieras a que si la novia tropieza, o lo que sea, lo oímos cagarse en la hostia y decirle a la churri: joder, tía, ¿vas ciega o qué? Casi me tiras el Nokia.»
Volvemos a la barra, María enciende un cigarrillo y me mira de soslayo, guasona, mientras pide una caña para mí y un vermut para ella «Con aceitunas, por favor». Luego me echa despacio el humo en la cara y pregunta, para emparejar con Ava Gardner y compañía, dónde están ahora aquellos pavos con registros que iban de Clark Gable a Marlon Brando. Aquel blanco y negro, o technicolor, donde lo más ligero que una se echaba al cuerpo era el toque ligeramente suave y miope del James Dean de Gigante. Porque daba igual que en la vida real el cine era el cine, etcétera alguno tocara al mismo tiempo saxofón y trompeta; el rastro que dejaban era lo importante: Rock Hudson siempre correcto, servicial y enamorado. El torso de Charlton Heston en El planeta de los simios. Los ojos de Montgomery Clift en aquella estación de Roma, donde estaba para comérselo. O, pasando a palabras mayores, Burt Lancaster revolcándose en la playa con Lana Turner, Cary Grant en el pasillo del hotel con Grace Kelly, Gary Cooper a cualquier edad y en donde fuera o fuese, y algún otro capaz de descolocar a una hembra como Dios manda y hacerle perder los papeles y la vergüenza: Robert Mitchum en El cielo lo sabe, por ejemplo. «¿Ubi sunt, Reverte?».
Y no me vengas, añade María mordisqueando una aceituna, con que eran cosa del cine. También en la vida real resultaban diferentes. «Esos hombres que antes se habrían tirado por la ventana que ir sin chaqueta y mostrar cercos de sudor, ¿los imaginas saliendo a la calle en chanclas o chándal, con gorra de béisbol en vez de sombrero que poder quitarse ante las señoras?... Añoro esos cuerpos gloriosos de camisa blanca y olor a limpio, o a lo que un hombre deba oler cuando, por razones que no detallo, no lo está. No era casual, tampoco, que en las fotos familiares nuestros padres fueran clavados a Gregory Peck, o que hasta el más humilde trabajador pareciese cien veces más hombre que cualquiera de los mingaflojas que hoy arrasan entre las tontas de la pepitilla que se licúan con Bruce Willis, con Gran Hermano o con tanta mariconada. ¿Qué iba a hacer hoy Sophia Loren con uno de estos gualtrapas? Hasta los niños de antes, acuérdate, procuraban caminar con desenvoltura, espalda recta y aire adulto, para dejar claro que sólo los pantalones cortos les impedían ser señores y llevarnos de calle a las niñas. Hablo de hombres de verdad: masculinos, educados, correctos en el vestir, silenciosos cuando la prudencia o la situación lo requerían; torpes, tímidos a veces, pero fiables como rocas, o pareciéndolo. Aunque te miraran el culo. Hombres con reputación de tales, que te hacían temblar las piernas con una mirada o una sonrisa. Señores a los que, como tú sueles decir, era posible llamar de ese modo sin tener que aguantarse las carcajadas; a diferencia de ahora, que en los rótulos de las puertas de los servicios llaman caballero a cualquiera.»
www./web/firma.php?id_edicion=3087&i...
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Fuente Original:
compartido con
2008-05-12 11:04:06
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anonimo
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Que grande es este tio...
2008-05-12 11:05:08
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anonimo
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Supongo que serán cosas que van paralelas a los tiempos que corren. Cada periodo o etapa tiene sus tendencias y modas que habrán quienes las siguen o no. La diferencia es que posiblemente ahora, hoy en día, la gente no hace caso de esas tendencias y se marcan estilos propios, esos los menos, el resto por falta de muchas cosas que no se aplicaron en su momento por diferentes y diversas razones hacen lo que en el fondo les da la gana sin reparo de ningún tipo al que dirán.
Con esto o con cosas como estas se consigue una gran diversidad de formas o modos.
Yo me conformo, siempre y cuando, todo aquello de lo que se trata no transcienda a la no convivencia y vivamos en paz y armonia, protegiéndose eso el resto no me da gran importancia.
2008-05-12 11:19:55
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icm
(Karma: 2)
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Gran artículo de Pérez Reverte. En mi opinión la gente de antes, a pesar de seguir las tendencias del momento, tenía mucho más estilo y personalidad que la gente de ahora.
2008-05-12 11:42:15
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anonimo
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Que antes en general, la gente tenía más entidad, más modales y más clase en cualquier situación de la vida no lo dudo en absoluto, había un abanico amplio de saber estar, de cortesía, de galantería, de caballerosidad y de buenas maneras.
Todo eso es lo que yo aludo diciendo a que por algún motivo en algún momento de la vida se perdió.
Entendamos que aparte de lo que se respira en el ambiente familiar, también nos influye el ambiente callejero y escolar en el desarrollo de una persona y todo eso determina.
Por otro lado los valores sociales en el mundo en que vivimos ya no son los mismos, muchos de ellos mucha gente se ha encargado de desvirtualos o de obviarlos. Eso hace mucho.
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